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Argentina vs. Inglaterra: por qué este partido nunca es solamente fútbol

Tras el infarto masivo de anoche y el pase argentino a las semifinales tras vencer a Suiza, de pronto nos enfrentamos a un partido que para mucha gente -en Argentina y en Inglaterra- tiene tintes especiales. Y es que hay clásicos nacidos por la cercanía geográfica. Otros, por décadas de enfrentamientos deportivos. Pero el duelo entre Argentina e Inglaterra pertenece a otra categoría: es uno de los pocos partidos del mundo en los que cada generación suma una nueva historia que contar y que dirimir dentro y fuera del campo de juego.

Cuando argentinos e ingleses se enfrentan, nunca parece tratarse únicamente de once jugadores contra once jugadores. En la memoria colectiva aparecen fantasmas, revancha, orgullo, injusticias, héroes y villanos. Y aunque la Guerra de Malvinas marcó para siempre la relación entre ambos países, la rivalidad futbolística ya venía escribiendo capítulos inolvidables mucho antes.

Antes de Malvinas: el escándalo de 1966

Muchos creen que todo comenzó en 1986. En realidad, el primer gran episodio ocurrió veinte años antes.

En el Mundial de Inglaterra de 1966, ambas selecciones se enfrentaron en cuartos de final. Argentina perdió 1-0, pero el partido quedó inmortalizado por la expulsión del capitán Antonio Rattín.

El árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó al mediocampista… sin hablar español y prácticamente sin poder comunicarse con él. Rattín se negó a abandonar la cancha porque ni siquiera entendía el motivo.

Mientras salía, se sentó unos segundos sobre la alfombra roja reservada para la reina Isabel II. Para los ingleses fue una falta de respeto; para muchos argentinos, un acto de dignidad.

Después del encuentro, el entrenador inglés Alf Ramsey calificó a los futbolistas argentinos como «animales». Aquella frase quedó grabada durante décadas.

La rivalidad ya había nacido.


1982: cuando el fútbol dejó de ser sólo deporte

La Guerra de Malvinas cambió completamente la relación emocional entre ambos países. Aunque el conflicto y el deporte nunca deberían mezclarse, era imposible que el siguiente enfrentamiento futbolístico no cargara ese peso. Cuatro años después, el destino los volvió a cruzar.


México 1986: los dos goles más famosos de la historia

Pocas veces un partido modificó tanto la historia del fútbol.

En los cuartos de final del Mundial de México, Diego Maradona convirtió dos goles que parecen resumir toda su carrera.

El primero fue la Mano de Dios, probablemente el gol más discutido de todos los tiempos. Apenas cuatro minutos después llegó el otro. Maradona tomó la pelota en su propio campo, dejó atrás a medio equipo inglés y marcó el que todavía suele ser considerado el mejor gol de la historia de los Mundiales. Uno representó la picardía. El otro, el genio absoluto.

Argentina ganó 2-1 y el partido quedó convertido en leyenda. Para millones de argentinos fue mucho más que una victoria deportiva.


Francia 1998: Beckham, Simeone y otra historia eterna

Doce años después llegó un nuevo capítulo.

En octavos de final del Mundial de Francia, David Beckham reaccionó con una patada a Diego Simeone y recibió la tarjeta roja. Argentina terminó imponiéndose por penales.

En Inglaterra, Beckham pasó de ídolo a enemigo público. Recibió amenazas, insultos y fue señalado durante años como el responsable de la eliminación.

En Argentina, la viveza de Simeone fue celebrada por muchos. Una vez más, el partido trascendía los noventa minutos.


Corea-Japón 2002: la pequeña revancha inglesa

El siguiente Mundial volvió a reunirlos en fase de grupos. Inglaterra ganó 1-0 con un penal convertido por David Beckham.

Fue una especie de revancha personal para el futbolista, que cuatro años antes había quedado marcado por su expulsión.

Paradójicamente, ninguno de los dos equipos llegó demasiado lejos: Argentina quedó eliminada en la fase de grupos e Inglaterra cayó en cuartos de final.

Tras este evento, durante años apenas volvieron a cruzarse. Hubo amistosos, algunos partidos aislados y muchas generaciones que crecieron escuchando historias más que viviendo enfrentamientos.

Eso hizo que el mito siguiera creciendo. Porque cada nuevo Argentina-Inglaterra no empieza de cero.

Empieza con Rattín.

Con Ramsey.

Con Malvinas.

Con Maradona.

Con Beckham.

Con Simeone.

Con millones de recuerdos acumulados.


¿Existe en el fútbol mundial otra rivalidad igual?

Probablemente no.

Brasil y Argentina poseen el clásico más importante de Sudamérica. Alemania e Inglaterra tienen una larga historia. España y Portugal protagonizan otro duelo tradicional.

Pero pocos enfrentamientos reúnen tantos elementos al mismo tiempo:

  • historia política;
  • episodios arbitrales polémicos;
  • jugadores convertidos en símbolos nacionales;
  • algunos de los partidos más famosos de la historia del fútbol;
  • y una carga emocional que atraviesa generaciones.

Cada vez que el sorteo vuelve a juntar a argentinos e ingleses, el pasado entra nuevamente a la cancha. Y por eso, cuando el árbitro hace sonar el silbato inicial, nadie siente que está viendo un partido más. Porque Argentina contra Inglaterra nunca fue solamente fútbol.


Los cinco capítulos que construyeron el clásico

1966 – Expulsión de Antonio Rattín y la frase «animales» de Alf Ramsey.

1982 – La Guerra de Malvinas cambia para siempre la relación entre ambos países.

1986 – Maradona marca la Mano de Dios y el Gol del Siglo.

1998 – Expulsión de David Beckham y clasificación argentina por penales.

2002 – Inglaterra gana con un penal de Beckham y obtiene su pequeña revancha.