A 20 años de The Departed: la película que finalmente le dio el Oscar a Martin Scorsese
El 26 de septiembre de 2006 se estrenaba en Nueva York The Departed, una historia de policías, mafiosos, traiciones e identidades cruzadas que reunió a Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson y Mark Wahlberg. Veinte años después, sigue siendo uno de los thrillers criminales más feroces y entretenidos del siglo XXI. Y, paradójicamente, fue la película que terminó dándole a Martin Scorsese el Oscar que Hollywood le debía desde hacía décadas.
Era un 26 de septiembre de 2006, el Ziegfeld Theatre de Nueva York se vestía de gala para la première de la nueva película de Martin Scorsese. Esa noche, por la alfombra roja pasaron Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson, Mark Wahlberg y buena parte de un elenco que hoy parece casi imposible de reunir. El estreno comercial en Estados Unidos llegaría el 6 de octubre.
Dos décadas más tarde, resulta curioso recordar que The Departed podía parecer entonces simplemente otro regreso de Scorsese al territorio que mejor conocía: crimen, lealtad, culpa, violencia y hombres que viven atrapados dentro de códigos que ellos mismos ya no comprenden.
Pero había algo diferente. Esta vez no había héroes ni siquiera en el sentido más flexible de la palabra. Había infiltrados.
Dos hombres viviendo la vida equivocada
La estructura de The Departed es tan sencilla como brillante.
Frank Costello, el mafioso interpretado por un desatado Jack Nicholson, introduce desde muy joven a Colin Sullivan (Matt Damon) dentro de la policía de Massachusetts. Sullivan parece el policía perfecto: inteligente, ambicioso, eficiente.
Pero trabaja para la mafia.
Al mismo tiempo, la policía envía a Billy Costigan (Leonardo DiCaprio) a infiltrarse en la organización de Costello.
Costigan parece un delincuente.
Pero es policía.
A partir de allí comienza uno de los grandes juegos de espejos del cine criminal contemporáneo: el policía debe convencer a los criminales de que es criminal mientras el criminal debe convencer a los policías de que es policía.
Y ambos saben que existe otro infiltrado.
Lo que no saben es quién es.
La película convierte esa búsqueda en una maquinaria de suspenso extraordinariamente precisa. Cada llamada telefónica, cada mensaje, cada silencio y cada mirada pueden significar la muerte.
Pero debajo del thriller aparece algo mucho más interesante.
Billy y Colin están viviendo permanentemente dentro de una identidad falsa.
Y esa mentira termina devorándolos.
La película que no nació en Hollywood
Aunque hoy resulte inseparable del universo de Scorsese, The Departed es una adaptación de la película hongkonesa Infernal Affairs, estrenada en 2002 y escrita por Alan Mak y Felix Chong. El propio catálogo del American Film Institute reconoce oficialmente aquella película como la fuente de la historia.
La operación de Scorsese, sin embargo, fue mucho más que trasladar una trama asiática a Estados Unidos.
La historia se mudó a Boston y quedó atravesada por la identidad irlandesa de la ciudad, la corrupción policial, la religión católica, la culpa, la familia y el crimen organizado.
El guionista William Monahan convirtió aquel mecanismo de dobles infiltrados en algo profundamente estadounidense.
Y Scorsese hizo el resto.
Porque The Departed está llena de algunas de sus obsesiones de siempre: hombres intentando demostrar quiénes son, padres simbólicos que destruyen a sus hijos, instituciones supuestamente respetables contaminadas por la violencia y personajes que descubren demasiado tarde que no existe una frontera clara entre los buenos y los malos.
Jack Nicholson entra en escena
Y entonces aparece Frank Costello.
Nicholson tenía 69 años cuando se estrenó la película y construyó uno de los grandes villanos de la última etapa de su carrera.
Su Costello es aterrador precisamente porque nunca sabemos qué va a hacer. Puede bromear. Puede seducir. Puede parecer ridículo. Y segundos después puede convertirse en un monstruo.
Scorsese le permite ocupar la pantalla con una libertad casi salvaje. Frente a él, DiCaprio interpreta exactamente lo contrario: un hombre cada vez más encerrado, nervioso y psicológicamente agotado.
Billy Costigan vive con miedo, no solamente teme que descubran que es policía. Empieza a temer que, después de tanto tiempo fingiendo ser otra persona, ya no pueda regresar a quien era.
Ahí está probablemente el verdadero corazón de The Departed.
¿Cuánto tiempo puede una persona interpretar un personaje antes de convertirse en él?

DiCaprio antes del Oscar
También resulta fascinante volver a verla sabiendo lo que ocurriría después con Leonardo DiCaprio.
En 2006 todavía faltaba una década para que ganara finalmente el Oscar por The Revenant. Sin embargo, Billy Costigan permanece como una de las interpretaciones más intensas de su carrera.
Su personaje está permanentemente al borde del colapso.
Duerme mal. Toma medicación. Vive vigilando puertas, teléfonos y miradas. No puede contarle a nadie quién es realmente.
Matt Damon, en cambio, construye a Colin Sullivan desde el control.
Uno parece estar desmoronándose. El otro parece tener todo bajo control. Pero ambos están atrapados.
Y esa simetría es uno de los grandes placeres de la película.
Y entonces está Mark Wahlberg
En una película repleta de estrellas, Mark Wahlberg consiguió algo particularmente difícil: robarse varias escenas.
Su sargento Dignam es agresivo, maleducado, desconfiado y absolutamente inolvidable.
La actuación terminó valiéndole una nominación al Oscar como actor de reparto.
Pero Dignam cumple además una función fundamental dentro de la historia: es uno de los pocos personajes que parece comprender desde el principio que en ese universo confiar en alguien es prácticamente una forma de suicidio.
El Oscar que parecía imposible
Cuando llegó la temporada de premios ocurrió algo que Hollywood llevaba décadas postergando.
Martin Scorsese ganó finalmente el Oscar al mejor director. Y es que resultaba casi absurdo que todavía no lo tuviera, ya había dirigido maravillas como Taxi Driver, Raging Bull, Goodfellas y Casino.
Y, sin embargo, nunca había ganado la estatuilla como director. Hasta The Departed.
En la ceremonia de 2007 la película ganó cuatro premios Oscar: mejor película, mejor director, mejor guion adaptado y mejor montaje, este último para Thelma Schoonmaker, colaboradora histórica de Scorsese.
La ironía es maravillosa.
Después de algunas de las películas más influyentes de la historia del cine estadounidense, la Academia terminó premiando a Scorsese por una remake.
Pero difícilmente pueda considerarse The Departed una obra menor.
Un éxito enorme
El público también respondió. Con un presupuesto estimado en unos 90 millones de dólares, la película recaudó cerca de 290 millones en todo el mundo. Solo en Estados Unidos superó los 132 millones.
Y lo hizo con una película para adultos de más de dos horas y media, extremadamente violenta, repleta de diálogos, personajes y traiciones.
Vista desde el cine comercial actual, semejante éxito resulta todavía más llamativo, sin superhéroes ni franquicias. Tan sólo una muy buena historia y un elenco extraordinario contándola.
Boston como una trampa
También está Boston. Scorsese convierte la ciudad en algo más que un escenario.
En The Departed, el lugar donde naciste importa. Tu apellido importa. Tu familia importa. El barrio importa.
Todo el mundo parece conocer a alguien que conoce a alguien. El pasado nunca desaparece. Billy intenta escapar de la historia de su familia. Colin intenta fabricar una historia respetable para sí mismo.
Ninguno consigue hacerlo completamente. Porque en el universo de Scorsese siempre existe una pregunta incómoda: ¿podemos realmente escapar del lugar del que venimos?
Nadie es quien dice ser
Quizás por eso The Departed sigue funcionando tan bien veinte años después.
Porque debajo de los disparos, los mafiosos y las persecuciones hay una película sobre algo mucho más universal: la identidad.
Todos interpretan un papel.
El policía interpreta al delincuente.
El delincuente interpreta al policía.
El mafioso interpreta al hombre poderoso.
Las instituciones interpretan que funcionan.
Las parejas interpretan que se conocen.
Y prácticamente nadie sabe quién es realmente la persona que tiene enfrente.
Incluso el título contiene esa sensación de desaparición.
The departed: los que se fueron.
Los muertos.
Los ausentes.
Pero también, de alguna manera, aquellos que dejaron de ser quienes eran.
Veinte años después
El 26 de septiembre de 2026 se cumplen veinte años de aquella première en Nueva York.
Y The Departed continúa siendo extraordinariamente fácil de volver a ver.
Tal vez porque conocemos el mecanismo y aun así funciona.
Sabemos dónde están los infiltrados.
Sabemos quién miente.
Incluso podemos recordar quién va a morir.
Y sin embargo seguimos tensándonos cuando suena un teléfono.
Seguimos esperando que Billy consiga salir.
Seguimos mirando a Colin preguntándonos cuánto tiempo podrá sostener su mentira.
Eso es probablemente lo que separa a un buen thriller de uno realmente grande.
El primero funciona mientras desconocemos el secreto.
El segundo sigue funcionando incluso cuando ya lo sabemos.
Veinte años después, The Departed ya no necesita esconder nada.
Y aun así consigue mantenernos mirando.
