Disclaimer: sobre el engaño, la cancelación y nuestra inclinación a juzgar
Hay algo profundamente incómodo en Disclaimer, la extraordinaria serie dirigida por Alfonso Cuarón: durante buena parte de sus siete episodios creemos saber quién es Catherine Ravenscroft.
Y ese «creemos saber» es, posiblemente, lo más importante de toda la historia.
Porque Disclaimer parece comenzar como un thriller acerca de un secreto enterrado en el pasado. Una prestigiosa documentalista, Catherine Ravenscroft, recibe una novela en la que reconoce un episodio de su propia vida. Alguien conoce aquello que ocurrió muchos años atrás durante unas vacaciones en Italia. Alguien lo ha convertido en ficción. Y alguien está dispuesto a utilizar esa historia para destruirla.
Hasta ahí, el mecanismo parece conocido: una mujer respetable tiene un secreto; el pasado regresa; la máscara cae.
Pero Cuarón está haciendo otra cosa. No quiere averiguar solamente qué hizo Catherine, sino qué hacemos nosotros cuando creemos saber qué hizo Catherine. Y ahí es donde Disclaimer deja de ser un thriller sobre la culpa para convertirse en algo bastante más perturbador: un experimento sobre el juicio.
El espectador también se sienta en el tribunal
Lo extraordinario es que nadie nos obliga a condenar a Catherine, lo hacemos nosotros solos.
Recibimos una historia. Vemos determinadas imágenes. Escuchamos determinados testimonios. Observamos ciertos silencios. Y completamos inmediatamente aquello que falta. Eso es todo lo que necesitamos.
La serie comprende algo muy contemporáneo: para condenar a alguien ya no necesitamos conocer toda una historia. Nos alcanza con conocer una historia posible. Y si esa historia coincide con nuestros prejuicios, todavía mejor.
La novela que aparece dentro de Disclaimer funciona entonces como mucho más que un recurso argumental. Es una máquina de fabricar certezas. Ordena los acontecimientos, distribuye víctimas y culpables y, sobre todo, elimina la ambigüedad.
Hace exactamente aquello que nosotros deseamos que hagan las historias: decirnos quién es el bueno y quién es el malo. Por eso resulta tan fácil creerla.
La cancelación empieza mucho antes de las redes sociales
Una de las cosas más inteligentes de Disclaimer es que entiende que la llamada cultura de la cancelación no nació con Twitter, Instagram ni los linchamientos digitales, sino que nació de algo muchísimo más antiguo, y eso es nuestro placer por juzgar.
Catherine comienza a perderlo todo porque quienes la rodean reciben una versión de los hechos que parece suficientemente convincente. Su marido la juzga. Su hijo la juzga. Su entorno profesional la juzga. Y nosotros también.
Hay algo casi obsceno en la velocidad con la que todos aceptan la acusación. Pero justamente por eso sería demasiado cómodo observarlos desde afuera y pensar: «qué horror, cómo pudieron creer semejante cosa».
Porque nosotros acabamos de hacer lo mismo.
Cuarón construye cuidadosamente las condiciones necesarias para que participemos del linchamiento y después nos obliga a mirar nuestras propias manos.
El prejuicio necesita muy pocas pruebas
¿Por qué resulta tan fácil creer determinada versión de Catherine? Porque la historia que recibimos encaja perfectamente con un personaje que culturalmente ya conocemos: la mujer fría, ambiciosa, que a veces percibimos como una madre al menos cuestionable, la esposa infiel y que sexualmente no quiere dejar de explorar, la mujer que muchas veces antepone su trabajo a su familia.
No necesitamos demasiadas pruebas porque el molde ya existía antes que Catherine, solo había que colocarla dentro.
Y ahí aparece quizá una de las ideas más feroces de Disclaimer: los prejuicios no sirven únicamente para interpretar la realidad; sirven para rellenar aquello que no sabemos de ella.
Cuando falta información, no dejamos un espacio vacío sino que inventamos los rellenos utilizando por lo general aquello que ya creíamos.
Una imagen puede mentir sin ser falsa
Cuarón introduce además una paradoja especialmente poderosa porque estamos viendo una serie y no leyendo un expediente. Y es que nosotros vemos lo sucedido o al menos creemos verlo. Y automáticamente le otorgamos a la imagen una autoridad incuestionable.
Una voz puede mentir, una persona puede recordar equivocadamente algo, incluso un narrador puede pretender manipularnos, pero algo que nosotros vemos con nuestros propios ojos pasa a pertenecer de inmediato al territorio de los hechos.
Disclaimer aprovecha precisamente esa confianza. Las imágenes no necesariamente nos están mostrando «lo que pasó». Nos están mostrando la forma que alguien le dio a lo que cree que pasó.
Esa diferencia es gigantesca y eso es lo que vuelve aún más incómoda nuestra condena: no solamente creímos una historia, confundimos representación con evidencia.
Quizás no queremos la verdad tanto como creemos
Nos gusta pensar que, ante una acusación, buscamos información para descubrir la verdad.
En este sentido, Disclaimer propone algo menos tranquilizador y es que muchas veces buscamos información para confirmar el juicio que ya hicimos.
Una vez que Catherine ocupa el lugar de culpable, cada nuevo dato puede interpretarse contra ella. Su silencio demuestra culpa. Su enojo demuestra culpa. Su negativa a explicar demuestra culpa. Incluso su intento de defenderse puede convertirse en una prueba adicional.
Es el mecanismo perfecto. Cuando una persona ha sido convertida en personaje, deja de importar lo que diga, nosotros ya hemos escrito su papel.
Y quizás ahí se encuentre el verdadero significado del título. Un disclaimer es una advertencia. Una aclaración previa. Algo que nos recuerda que aquello que estamos a punto de consumir puede no ser exactamente lo que parece.
Pero la serie entera podría llevar uno dirigido al espectador: Advertencia: usted está a punto de escuchar una sola versión de esta historia.
El problema es que probablemente no serviría de nada. Porque queremos creer.
El juicio más incómodo ocurre fuera de la pantalla
Por eso el gran giro de Disclaimer no consiste únicamente en descubrir qué ocurrió realmente. El verdadero giro sucede en el último episodio, cuando la protagonista que ha sido juzgada durante 6 horas finalmente reclama: «Ahora me toca hablar a mí».
Y a medida que avanza el desenlace, comenzamos a recordar junto con el padre vengador (un impecable Kevin Kline, dicho sea de paso) lo que nosotros habíamos pensado de Catherine.
Ese instante resulta mucho más perturbador que cualquier revelación argumental porque ya no estamos juzgando a un personaje, sino que también estamos revisando nuestro propio juicio: ¿Cuándo decidimos que era culpable? ¿Qué pruebas teníamos? Y, sobre todo: ¿cuántas veces en la vida real hacemos exactamente lo mismo que con la ficción?
Todos los días recibimos historias incompletas. Un video de treinta segundos. Una captura de pantalla. Una denuncia. Una frase fuera de contexto. Un titular. Un hilo. Una versión. Y hacemos lo que hicieron los personajes de Disclaimer: elegimos, condenamos, compartimos. Después, quizás, aparece el resto de la historia. Pero ya no importa, para entonces la sentencia ya fue dictada.
Por eso Disclaimer no es solamente una serie sobre la culpa, la memoria o las distintas versiones de la verdad. Es una serie sobre algo bastante menos cómodo: la enorme distancia que existe entre saber y creer que sabemos; y sobre la facilidad con la que confundimos ambas cosas.
Cuarón consigue así una jugada extraordinaria. Durante horas creemos estar mirando la caída de Catherine Ravenscroft. Hasta que comprendemos que Catherine nunca fue el verdadero objeto del experimento.
Éramos nosotros.
