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¿Se quedaron sin ideas? Por qué Hollywood hace cada vez más remakes

Desde Lilo & Stitch hasta Blancanieves, pasando por Duna, Nosferatu, El Rey León y West Side Story, los remakes ya no son una excepción: son una de las grandes apuestas de Hollywood. ¿Qué hay detrás de esta fiebre por volver a contar historias ya conocidas?

Si tiene la sensación de que casi todas las películas nuevas ya las vio hace veinte o treinta años, no está imaginando cosas. Hollywood atraviesa una auténtica era del remake.

En los últimos años llegaron nuevas versiones de clásicos como El Rey León, Aladdín, La Sirenita, Mulan, West Side Story, Candyman, El color púrpura, Twisters, Nosferatu, Lilo & Stitch, Cómo entrenar a tu dragón y muchas más. A ellas se suman secuelas tardías, «reboots», precuelas y universos cinematográficos que reciclan personajes una y otra vez.

La pregunta es inevitable: ¿Hollywood se quedó sin ideas o simplemente encontró un negocio demasiado rentable para abandonarlo?

Nunca hubo tantos remakes

Aunque rehacer películas no es algo nuevo —Ben-Hur, por ejemplo, tuvo varias versiones antes de la famosa película de 1959—, la cantidad de remakes creció de manera notable durante las últimas dos décadas.

Diversos estudios sobre la industria muestran que, desde mediados de los años 2000, una parte importante de los grandes estrenos comerciales corresponde a propiedades intelectuales ya conocidas: remakes, adaptaciones, secuelas, spin-offs o reboots.

En algunos años recientes, más del 70% de las películas más taquilleras de Hollywood pertenecieron a franquicias existentes o retomaron historias ya conocidas. La apuesta por lo conocido se convirtió en una estrategia de negocios.

El miedo al fracaso cuesta cientos de millones

Hoy producir un gran estreno puede costar entre 150 y 300 millones de dólares, sin contar campañas publicitarias que muchas veces igualan ese presupuesto. En ese contexto, los estudios prefieren reducir riesgos.

Una historia conocida ofrece varias ventajas:

  • ya tiene un público construido;
  • existe reconocimiento de marca;
  • resulta más fácil vender juguetes, videojuegos y productos derivados;
  • genera nostalgia;
  • requiere menos inversión para explicar quiénes son los personajes.

Desde un punto de vista empresarial, rehacer un éxito parece mucho más seguro que apostar por una historia completamente original.

La nostalgia vende

Los ejecutivos conocen muy bien un fenómeno psicológico: la nostalgia aumenta el interés del público. Quienes crecieron viendo una película en los años ochenta, noventa o principios de los 2000 hoy tienen entre 30 y 50 años, precisamente el grupo con mayor poder adquisitivo para ir al cine junto con sus hijos.

Así, un remake no busca únicamente atraer a los niños actuales: también seduce a los adultos que desean revivir una parte de su infancia. Es una experiencia emocional además de cinematográfica.

Las plataformas también cambiaron las reglas

La competencia entre estudios y plataformas de streaming aceleró aún más esta tendencia. Con miles de títulos disponibles, captar la atención del espectador resulta cada vez más difícil.

Un nombre conocido destaca inmediatamente entre cientos de opciones. Cuando aparece un título como El Rey León o Lilo & Stitch, el público ya sabe de qué se trata incluso antes de ver el tráiler. Ese reconocimiento instantáneo vale millones de dólares en publicidad.

¿Remake, reboot o adaptación?

Aunque suelen mezclarse, no son exactamente lo mismo.

Remake: vuelve a filmar prácticamente la misma historia con nuevos actores y tecnología.

Reboot: reinicia una franquicia desde cero, ignorando versiones anteriores.

Adaptación: toma una novela, un cómic o una obra teatral y ofrece una nueva interpretación, aunque ya existan versiones previas.

En la práctica, muchas películas combinan elementos de las tres categorías.

¿Las nuevas versiones tienen más éxito?

No existe una respuesta única. Algunos remakes fueron enormes éxitos de taquilla. El Rey León (2019) superó los 1.600 millones de dólares en recaudación mundial. Aladdín (2019) también pasó los 1.000 millones.

Sin embargo, otros fracasaron tanto en crítica como en recaudación.

Ben-Hur (2016), Charlie y la fábrica de chocolate dividió opiniones frente al clásico de 1971, mientras que nuevas versiones como Blancanieves generaron fuertes controversias incluso antes del estreno. Es decir: tener una marca conocida no garantiza el éxito.

¿Y qué opinan los críticos?

Muchos especialistas sostienen que Hollywood atraviesa una crisis de creatividad. La dependencia de propiedades intelectuales ya existentes deja menos espacio para proyectos originales, especialmente aquellos destinados a presupuestos medios, un segmento que prácticamente desapareció de las salas.

Otros, en cambio, recuerdan que el cine siempre reutilizó historias. Shakespeare adaptó relatos anteriores. Muchas películas clásicas eran remakes de filmes mudos. Incluso algunas obras consideradas originales están inspiradas en novelas, leyendas o películas extranjeras.

Desde esta mirada, el problema no sería rehacer una historia, sino hacerlo sin aportar una mirada nueva.

Cuando un remake supera al original

Aunque ocurre pocas veces, existen casos en que la nueva versión terminó eclipsando a la anterior. Entre los ejemplos más citados aparecen:

  • Scarface (1983), mucho más famosa que la película de 1932.
  • La cosa (1982), considerada una obra maestra del cine de terror, pese a ser un remake.
  • Ocean’s Eleven (2001), que renovó completamente el clásico de 1960.
  • A Star Is Born, cuya versión de 2018 volvió a demostrar que una misma historia puede emocionar a generaciones distintas.

Estos casos muestran que un remake puede convertirse en una gran película cuando aporta identidad propia.

El verdadero negocio no son las películas

Cada vez más analistas coinciden en que Hollywood ya no vende solamente entradas. Vende marcas.

Una película hoy forma parte de un ecosistema que incluye videojuegos, series, parques temáticos, merchandising, juguetes, experiencias inmersivas y plataformas de streaming.

Desde esa perspectiva, rehacer una historia conocida fortalece una propiedad intelectual que puede seguir generando ingresos durante décadas. La película es apenas una pieza dentro de un negocio mucho más grande.

¿Estamos condenados a vivir de la nostalgia?

Probablemente no. Paradójicamente, mientras los grandes estudios concentran buena parte de sus inversiones en franquicias y remakes, muchas de las propuestas más innovadoras llegan desde el cine independiente, las producciones internacionales o realizadores que trabajan con presupuestos mucho menores.

La historia del cine demuestra que las modas cambian. En distintas épocas dominaron los musicales, luego los westerns, más tarde las películas de catástrofes, después los superhéroes.

Es posible que el ciclo de los remakes también tenga un límite. Hasta entonces, parece que Hollywood seguirá mirando hacia atrás… convencido de que, al menos por ahora, el pasado sigue siendo el mejor negocio para conquistar el futuro.