¿Por qué tu gato te lame? Lo que realmente significa este curioso gesto felino
A veces ocurre mientras lo acariciamos. Otras, cuando estamos acostados y nuestro gato se acerca tranquilamente y comienza a pasarnos su áspera lengua por la mano, el brazo o incluso el pelo. Aunque solemos interpretarlo como un beso, detrás de ese comportamiento hay algo bastante más interesante: para un gato, lamer también es una forma de relacionarse.
Quien haya recibido alguna vez un “beso” de gato sabe que la experiencia dista bastante de una caricia. Su lengua rasposa, cubierta de diminutas estructuras de queratina, está diseñada para retirar pelo muerto y suciedad durante el acicalamiento.
Pero entonces surge una pregunta inevitable: si nosotros no tenemos pelaje que ordenar, ¿por qué nos lamen?
La respuesta no es única.
Puede ser cariño. Puede ser confianza. Puede estar intentando llamar nuestra atención. Quizás simplemente le gusta el sabor salado de nuestra piel.
Y, en algunos casos, también puede estar tratando de tranquilizarse.
Una costumbre que empieza al nacer
Para comprenderlo hay que regresar a las primeras semanas de vida del gato.
Una de las primeras experiencias que tiene un cachorro es la lengua de su madre. La gata lame a sus crías para limpiarlas y cuidarlas cuando todavía no pueden hacerlo por sí mismas.
Más adelante, los gatos comienzan a acicalarse solos y también pueden hacerlo entre ellos.
Este último comportamiento recibe el nombre de acicalamiento social o allogrooming: dos gatos que mantienen una relación cercana se lamen mutuamente, particularmente alrededor de la cabeza y el cuello.
No se trata solamente de higiene. El comportamiento también participa en el mantenimiento de los vínculos sociales.
Y aquí aparece la parte más encantadora de la historia.
Cuando un gato comienza a lamer a su humano, es posible que esté trasladando hacia nosotros una conducta que normalmente emplearía con otro integrante de su grupo social.
En términos muy poco científicos: quizás tu gato esté intentando acicalarte porque, para él, sos uno más de la familia.
Entonces, ¿un lamido equivale a un beso?
No exactamente.
Humanizar el comportamiento de los animales puede llevarnos a interpretaciones equivocadas. Un gato no necesariamente piensa “te quiero” antes de pasarnos la lengua por la mano.
Pero el lamido sí puede ser una conducta afiliativa, es decir, un comportamiento relacionado con el establecimiento y mantenimiento de vínculos.
Si el gato se acerca voluntariamente, está relajado, ronronea, se frota contra nosotros o se acomoda cerca y comienza a lamernos, el contexto sugiere una interacción social positiva.
En ese caso, la traducción humana de “me está dando besitos” quizá no sea científicamente exacta, pero tampoco está tan desencaminada.
También puede estar marcando a su familia
El mundo de los gatos está dominado por algo que nosotros tendemos a subestimar: los olores.
Los felinos poseen glándulas odoríferas en diferentes zonas del cuerpo y utilizan el olor como una importantísima herramienta de comunicación.
Por eso se frotan contra nuestras piernas, contra los muebles y contra otros gatos.
El acicalamiento social también contribuye a mezclar olores entre individuos que conviven, creando una especie de identidad olfativa compartida.
Por eso, cuando un gato lame y se frota contra una persona, el comportamiento puede formar parte de ese reconocimiento social.
No está necesariamente pensando “este humano me pertenece”, como suelen afirmar algunas explicaciones populares.
Pero sí puede estar ocurriendo algo mucho más interesante: nos está incorporando a su universo familiar de olores.
Tal vez simplemente le gustás… de sabor
Hay una explicación bastante menos romántica.
Nuestra piel tiene sal.
Después de hacer ejercicio, durante los días calurosos o simplemente por la transpiración normal, quedan sobre ella sales y otras sustancias que pueden resultar interesantes para el gato.
También puede sentirse atraído por algún olor que quedó en nuestras manos después de cocinar.
Así que, si tu gato manifiesta un repentino amor incondicional por tus dedos justo después de que preparaste pescado, quizá convenga moderar las conclusiones sentimentales.
Hay, además, una precaución importante: no debería permitirse que el gato lama cremas, medicamentos tópicos u otros productos aplicados sobre la piel, ya que algunas sustancias de uso humano pueden resultar perjudiciales para los animales.
“Te lamo y ahora me prestás atención”
Los gatos también aprenden de nosotros.
Imaginemos una escena.
El gato lame nuestra mano.
Nosotros inmediatamente lo miramos, le hablamos y comenzamos a acariciarlo.
El gato acaba de descubrir una herramienta extraordinariamente eficaz.
Lamer humanos produce humanos atentos.
Si la situación se repite, puede aprender que ese comportamiento sirve para iniciar una interacción.
Incluso apartarlo suavemente puede funcionar como recompensa si lo que buscaba era conseguir nuestra atención.
Cuando lamer no significa cariño
Existe otra posibilidad que conviene conocer.
El lamido también puede aparecer relacionado con estrés o ansiedad.
El acicalamiento puede funcionar como una conducta tranquilizadora y algunos gatos se lamen excesivamente cuando atraviesan situaciones estresantes: una mudanza, cambios de horarios, obras en casa, conflictos con otros animales o la llegada de una nueva mascota pueden alterar profundamente a un animal particularmente sensible a las modificaciones de su entorno.
En determinadas circunstancias, ese lamido puede dirigirse también hacia las personas. Por eso no existe un diccionario que permita afirmar: Lamido = amor.
Para entenderlo hay que mirar al gato completo y, especialmente, el contexto.
¿Cuándo debería preocuparnos?
Un gato que ocasionalmente nos lame mientras descansa junto a nosotros no debería generar alarma.
La situación cambia cuando el comportamiento aparece repentinamente, se vuelve muy insistente o compulsivo, especialmente si también comienza a acicalarse exageradamente.
El lamido excesivo puede estar asociado al estrés, pero también a picazón, dolor u otros problemas médicos.
Si se concentra persistentemente sobre una zona del cuerpo, aparecen áreas sin pelo, lesiones en la piel o cambios simultáneos en el apetito, el sueño, la actividad o el comportamiento habitual, corresponde consultar al veterinario.
El pequeño ritual de pertenecer
Quizás lo más fascinante del lamido felino sea que obliga a abandonar por un momento nuestra manera humana de entender el afecto.
Nosotros abrazamos. Besamos. Decimos “te quiero”. Los gatos disponen de otro repertorio. Se rozan. Entrecierran lentamente los ojos. Duermen juntos. Se acicalan. Comparten espacios y olores.
Por eso, la próxima vez que tu gato se instale a tu lado y comience concienzudamente a lavarte una mano que, desde tu punto de vista, estaba perfectamente limpia, quizás puedas tolerar un poco mejor esa lengua de papel de lija. No necesariamente está intentando limpiarte.
Puede estar haciendo algo bastante más importante: tratarte como trataría a alguien de los suyos.
