¿Por qué comemos por stress?
El estrés puede arruinar tu salud. Produce jaquecas, dolores estomacales, insomnio y, además, puede alterar tus hábitos alimenticios. Cuando estamos estresados podemos encontrarnos haciéndonos un chocolate o una pizza, o quedar completamente sin ganas de comer. Pero ¿por qué el estrés afecta nuestro apetito?, ¿habrá algo que podamos hacer al respecto?
El estrés es realmente la respuesta de tu cuerpo y mente a las situaciones difíciles y abrumadoras que, en un momento dado, te pueden hacer sentir que no puedes hacer nada al respecto.
Los eventos en tu entorno, las ansiedades en tu mente, y los cambios en tu cuerpo como el hambre o sed extremas pueden activar la parte del cerebro del tamaño de un guisante llamada el hipotálamo, disparando una respuesta de estrés que activa nuestro cuerpo.
Este «sistema de alarma» actúa sobre cada célula de nuestro cuerpo y activa hormonas como la adrenalina y la hidrocortisona para aumentar el ritmo cardíaco y la presión arterial.
El estrés a corto plazo puede ser útil, dándote un impulso para escapar del peligro o cumplir con una tarea. Pero a largo plazo, el estrés «crónico» puede ser perjudicial.
Las personas con estrés crónico -que puede estar generado por continuas presiones en una relación, el trabajo o asuntos financieros- pueden sufrir de depresión, problemas de sueño y aumento de peso
¿Por qué el estrés altera nuestro apetito?
Esto sucede porque hay una conexión directa entre tu sistema gastrointestinal, tu estómago e intestinos, y tu cerebro.
El estrés puede reprimir la actividad del nervio vago -que se extiende desde el tallo cerebral hasta el abdomen. El nervio vago trasmite las señales entre el cerebro y los intestinos, informando al cerebro sobre la saciedad del estómago y las necesidades energéticas del cuerpo.
Así que en algunas personas, esta disfunción reprime el apetito. Pero, por otro lado, también sabemos que el momento en el que te estresas agudamente tu cerebro necesita azúcar. Eso lleva a otras personas a buscar algo que les aumente el combustible en una preparación subconsciente para un escenario inesperado.
¿Cómo impacta el estrés crónico tu apetito?
El impacto del estrés crónico puede ir más allá de unas náuseas pasajeras o antojos de azúcar.
Cuando tu cuerpo está estresado, el torrente sanguíneo queda inundado de glucosa, momentáneamente haciendo que la insulina -la hormona que regula los niveles de glucosa- sea menos efectiva.
La glucosa se queda en el torrente sanguíneo sin que se utilice para energía, causando el aumento de los niveles de azúcar en la sangre.
Esto deja a las personas con estrés crónico en riesgo de desarrollar niveles altos de azúcar en la sangre y resistencia a la insulina duraderos, lo que puede generar aumento de peso o afecciones como diabetes.
A su vez, el aumento de peso puede hacer que tu cuerpo sea más susceptible a los cambios de apetito. Generalmente, es probable que las personas con exceso de grasa corporal sean más resistentes a la insulina. Eso significa que cuando están estresadas, sus cerebros exigen aún más azúcar.
Lo llamamos el ciclo de alimentación anticipada, que es que una cosa lleva a la otra. Es un círculo vicioso y más difícil de romper porque nos quedamos estancados en él.
¿Cómo puedes parar de comer por estrés?
Hacer planes para manejar el estrés anticipadamente es una de las mejores maneras de evitar comer en exceso durante un período ajetreado.
No te olvides de lo básico, y dormir es clave.
Concentrarte realmente en el sueño como un factor principal, simplemente porque el sueño recalibra el trío de órganos que están involucrados en la reacción del estrés. El sueño vuelve a equilibrar esta parte pequeña de tu cerebro llamada el hipotálamo, y tus glándulas pituitaria y adrenal, frenando la producción de las hormonas del estrés.
Si te desvelas, todos los antojos y la necesidad de comidas azucaradas de hecho aumentan, porque la privación de sueño hace que tu cerebro requiera más energía.
El ejercicio también puede mejorar tu habilidad para cambiar de un estado estresado a un estado relajado y mejorar tu función cerebral. Si tienes un período de alta presión próximo, el concentrarte en estos aspectos básicos puede ayudarte a evitar comer en exceso. Haz todas las cosas que mantienen tu línea de base absolutamente normal.
¿Qué alimentos evitar en períodos de estrés?
Una de las maneras más fáciles de evitar consumir mucha azúcar durante períodos de estrés es simplemente no comprar comidas chatarra.
La otra parte es pensar en consumir regularmente pequeñas porciones saludables durante el día, que puedan calmar esa hambre y antojo.
Evitar las comidas que producen un aumento súbito de glucosa -alimentos llenos de carbohidratos simples como las pizzas y bocados azucarados- también es importante.
Las comidas ricas en proteínas, como la carne, frijoles y pescado, o carbohidratos saludables como lentejas y avena integral son buenas alternativas.
Otro aspecto a considerar es limitar el consumo de alcohol, algo a lo que recurren las personas con la esperanza de aliviar el estrés.
Prestarle atención a tu red social también puede ayudarte a mantener el equilibrio y tu dieta a prueba de estrés. Los grupos sociales incorporan buenas maneras de sostener esta conexión entre el estrés y mantener el consumo a raya, ya sea comiendo juntos, ya sea cocinando juntos algunas veces.
