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Laberinto: 40 años del hechizo que convirtió a una rareza en película de culto

Hay películas que triunfan de inmediato y otras que necesitan décadas para encontrar a su público. Laberinto pertenece claramente a la segunda categoría. Estrenada en 1986, la fantasía dirigida por Jim Henson llegó a los cines con críticas divididas y una taquilla decepcionante. Sin embargo, cuarenta años después, el film protagonizado por David Bowie y Jennifer Connelly es considerado una de las obras más queridas y extrañas del cine fantástico de los años 80.

En tiempos dominados por el CGI hiperrealista, Laberinto sigue deslumbrando precisamente por lo contrario: sus criaturas hechas con marionetas, animatrónicos y efectos prácticos tienen una textura artesanal que hoy resulta casi mágica. El universo creado por Henson junto al ilustrador Brian Froud parece salido de un cuento oscuro de hadas, a mitad de camino entre Lewis Carroll, los dibujos de Maurice Sendak y una pesadilla pop ochentosa.

La historia es sencilla y profundamente simbólica. Sarah, una adolescente frustrada, desea que los duendes se lleven a su pequeño hermano Toby. El deseo se cumple y ella deberá atravesar un gigantesco laberinto para rescatarlo antes de que sea demasiado tarde. Pero detrás de esa premisa infantil se esconde un relato sobre el crecimiento, la pérdida de la inocencia y el difícil pasaje hacia el mundo adulto.

Y ahí aparece Jareth.

Con el pelo imposible, maquillaje teatral, mirada seductora y una energía inclasificable, David Bowie convirtió al Rey de los Goblins en uno de los villanos más fascinantes del cine fantástico. No era un monstruo tradicional: era encantador, ambiguo, glamoroso y peligroso al mismo tiempo. Henson había pensado en varias estrellas —entre ellas Sting, Prince y Mick Jagger— antes de elegir a Bowie, pero hoy cuesta imaginar a cualquier otro ocupando ese lugar.

La música también fue fundamental para construir el mito. Bowie escribió e interpretó cinco canciones originales para la película, entre ellas “Magic Dance” y “As the World Falls Down”, temas que terminaron teniendo una vida propia mucho más allá del film.

Curiosamente, el fracaso inicial de Laberinto ayudó a convertirla en un fenómeno de culto. La película encontró una segunda vida en VHS, emisiones televisivas y más tarde en DVD y Blu-ray. Nuevas generaciones crecieron descubriendo el film en sus casas, fascinadas por ese mundo absurdo, melancólico y encantador. David Bowie llegó a decir en una entrevista que “cada Navidad” aparecían nuevos chicos diciéndole que lo conocían por Laberinto.

El aniversario número 40 llega además en un momento de renovado interés. En 2026 la película volvió a proyectarse en cines en versiones remasterizadas y continúan los rumores y proyectos vinculados a una secuela producida por la familia Henson.

Pero más allá de homenajes, reediciones o nostalgia, Laberinto conserva algo que muchas películas actuales perdieron: una imaginación totalmente libre. No intenta explicarlo todo, no teme ser rara y jamás subestima a su público.

Tal vez por eso sigue viva cuarenta años después.

Porque entrar al laberinto de Sarah y Jareth todavía se siente como atravesar un sueño extraño del que nadie quiere despertar.