El libro de la semana: La desaparición de Stephanie Mailer

¿Buscando una buena historia de suspenso para arrancar diciembre? No podés dejar de leer esta novela de Joël Dicker, uno de los actuales genios de este género. 

Joël Dicker, que ya había demostrado su talento con “Los últimos días de nuestros padres” (2014) y “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, con “La desaparición de Stephanie Mailer” confirma su destreza para inventar historias absorbentes y crear personajes que oscilan entre la ferocidad y la ternura, la corrupción y la honestidad, la dignidad y el ridículo. Nada es lo que parece. Casi todos los seres humanos se ocultan debajo de una máscara.

Ambientada en la pequeña y ficticia ciudad costera en Los Hamptons, La desaparición de Stephanie Mailer narra la historia de un espantoso crimen cometido el 30 de julio de 1994. Durante su famoso festival de teatro, la joven y atractiva Meghan Padalin, empleada de una librería y escritora aficionada, muere asesinada mientras corre por un parque. Todo sugiere que el azar la ha convertido en testigo involuntaria del asesinato del alcalde Joseph Gordon, su esposa y su hijo. Dos jóvenes policías neoyorkinos, Jesse Rosenberg y Derek Scott, asumen la investigación, logrando identificar al presunto culpable. El caso queda cerrado, pero deja abiertas muchas heridas y no pocos secretos. Veinte años más tarde, la periodista Stephanie Mailer investiga el cuádruple crimen, convencida de que la policía se equivocó. Ambiciosa, tenaz e inteligente, su voluntad de esclarecer la verdad le costará la vida. Jesse y Derek, que han ascendido respectivamente a capitán y sargento, vuelven apesadumbrados a Orphea, sospechando que dejaron cabos sueltos y que el asesino de Meghan y la familia Gordon tal vez quedó impune. No descartan que también haya matado a Stephanie porque se había aproximado demasiado a la verdad.

Joël Dicker es un maestro del suspense que construye meticulosamente sus tramas, despertando una y otra vez el asombro del lector. Las seiscientas cincuenta páginas de La desaparición de Stephanie Mailer se recorren a una velocidad vertiginosa, sin producir fatiga y, menos aún, aburrimiento. Ese prodigio brota de una arquitectura narrativa minuciosamente elaborada que sostiene cada pieza del conjunto. La perfecta combinación de misterio y transparencia transforma esta novela en un ejercicio de precisión. Es inevitable comparar la trama con un preciso mecanismo de relojería o con un puzzle donde encajan limpiamente todas las piezas. El suspense sería inviable sin unos personajes creíbles y consistentes, cuyas ilusiones, miedos, logros y fracasos nos afectan como si se tratara de vivencias de alguien muy cercano.

Dicker no alarga gratuitamente su novela. Su longitud responde al deseo de profundizar en las emociones de sus criaturas, mostrándonos cómo se gesta la corrupción de un alcalde, la frustración de un adolescente, la degradación de una familia o la deshumanización de un asesino. Para un hombre común, matar siempre es una experiencia traumática, pero cuando se ha hecho una vez, ya no resulta tan difícil repetirlo.

La desaparición de Stephanie Mailer es una novela fresca, hilarante y sumamente entretenida, con golpes de ingenio que recuerdan al mejor Hitchcock. Dicker seduce y atrapa desde las primeras páginas, no concede tregua al tedio y nos hace sentir que el asesinato no es algo infrecuente y lejano, sino una tentación que -como señaló la gran Patricia Highsmith- late en nuestro interior, esperando un pretexto para ejecutar su danza letal.

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