¿Cómo es por dentro el Obelisco?

La arquitectura y el trazado urbano nos atrapa a través de las cuatro ventanas de la cúspide, y es inevitable tratar de adivinar qué edificio o qué parte de la ciudad estamos observando: “¡ahí está el Congreso!, ¡ese es el Barolo!, ¿se ve el Cabildo?, ¿esos árboles son los de la Reserva?”, son sólo algunas de las preguntas que se escuchan.

Para llegar a la punta del monumento porteño más famoso -que tiene en total 67,5 metros de altura- hay que subir una escalera marinera de 206 escalones, siempre provistos de arneses, para estar seguros de no caer al vacío ante un posible traspié; afortunadamente, hay siete descansos en los que se puede recuperar el aliento.

Por dentro, el Obelisco es una estructura gris, vacía y angosta iluminada sólo artificialmente; allí retumban las vibraciones de los subtes que pasan por 9 de Julio y Corrientes, y en la cúspide no caben más de cinco o seis personas.

Sin embargo, el esfuerzo vale la pena, sobre todo para los amantes de la ciudad, que descubrirán una nueva y única postal de Buenos Aires y reconocerán desde lo alto los lugares donde transcurre la vida cotidiana.

FUENTE: TELAM

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