Testofobia: Cuando los exámenes son un tormento

Cualquiera que haya rendido un examen sabe del “estado de nervios” previo a entrar al aula, sabe de las manos que transpiran y la boca que se seca al hablar frente al profesor. También de las lagunas durante la exposición. Pero algunos casos se extreman al punto de producir trastornos sicofísicos serios. Por eso es conveniente tener información que permita saber cuándo es necesario consultar a un profesional.

La ansiedad es uno de los rasgos conductuales que suelen padecer los alumnos en épocas de exámenes finales. Si bien dicha circunstancia es frecuente, en algunos casos puede derivar en una patología de envergadura.

Cuenta un dicho popular que en un sepulcro rezaba: “Aquí yace el hombre que nunca tembló”, a lo que un estudiante añadió: “Porque nunca rindió…”.

Quien recorra los pasillos de nuestras universidades durante este mes notará el estrés que viven los estudiantes antes de ingresar a una mesa examinadora. También apreciará las mil y una formas de aplacar ese miedo: nubes de tabaco, repasos apresurados, cafeína y hasta llantos.

Lo cierto es que cualquier evaluación es un punto de inflexión dentro de la carrera universitaria. Los jóvenes ingresan a dicho ámbito, sólo con las bases y experiencias de una educación secundaria muchas veces deficiente y nada preparatoria de lo que viene después. Súbitamente, se ven obligados a estudiar libros voluminosos y a enfrentarse con profesores que deben juzgar si el alumno ha comprendido correctamente los contenidos de sus materias.

Dentro de la fase evaluadora, no sólo se mide el conocimiento y las habilidades del estudiante, sino también quién es. Las esferas psicológicas y emocionales entran en juego junto con la cognitiva, y la situación muchas veces puede resultar inmanejable. Esto hace que, con frecuencia, el resultado no sea un reflejo de lo que la persona efectivamente sabe, sino de cómo domina lo estudiado al mismo tiempo que sus niveles de ansiedad.

Todos los alumnos sufren cierto grado de incertidumbre frente al examen. A nadie le gusta ser evaluado. La connotación de juicio que conlleva toda evaluación hace que los jóvenes que deben someterse a ella no suelan estar cómodos. Pero, ¿qué ocurre cuando la ansiedad deriva en un cuadro que afecta seriamente la retención de información y el rendimiento?

¿Qué es la testofobia?

Se trata de una fobia específica, consistente en un sentimiento invalidante, cargado de reacciones negativas que algunos alumnos sufren frente a los exámenes. Dicho trastorno puede ser “anticipatorio” si el sentimiento de malestar se produce a la hora de estudiar o al anticipar qué pasará en el examen; o “situacional” si éste acontece durante el mismo.

Un fenómeno muy relacionado con la ansiedad es la postergación. La persona que padece testofobia supone que evitando por todos los medios el contacto con tales eventos escapa del problema, dejando la materia “para la próxima fecha”. Con ello recurre a un escape para tranquilizarse momentáneamente, hasta que el desequilibrio vuelve a emerger ante cualquier circunstancia futura o similar.

Es allí cuando la ansiedad se diagnostica como fobia: cuando la conducta evitativa o la resistencia a enfrentar estas situaciones interfiere significativamente con la actividad educativa de la persona.

El problema es serio. Se estima que a nivel mundial un 30% de los jóvenes sufre procesos de estrés y angustia ante los exámenes. Especialistas en trastornos de ansiedad de la Asociación Ayuda señalan que el fenómeno se da en todas las edades y niveles de estudio: desde niños en época escolar hasta jóvenes adultos que cursan en la universidad. En este último caso, comprobaron que cerca del 44% de quienes los consultaron debieron abandonar la carrera por esta causa.

Específicamente respecto de los estudiantes universitarios, se trata de jóvenes de entre 20 y 27 años con un buen coeficiente intelectual, perfeccionistas, que ocultan su dificultad y que sólo pueden rendir exámenes escritos. Este tipo particular de fobia acostumbra a darse en ámbitos muy competitivos y presentar rasgos depresivos que aumentan la tendencia del enfermo a consumir drogas, incluyendo aquéllas de uso legal.

El porqué del estrés

Nuestra sociedad se ha vuelto altamente competitiva y la eficacia y rapidez son elementos esenciales a la hora de sobrevivir. En el pandemónium que es hoy nuestro país, la pugna constante por alcanzar la excelencia se agudiza.

El ingreso a la Universidad no es una opción más como en muchos países, sino un paso obligado. Actualmente, se impone el postulado de que “quien no tiene un título, no sirve”. Hay que obtenerlo a cualquier precio. Y muchos jóvenes no están capacitados para desenvolverse bajo estas condiciones.

Algunas de las causas que pueden generar testofobia son:

  1. Experiencias negativas previas que activan la patología, tales como una mala nota a pesar de haber estudiado.
  2. Carácter influenciable por la ansiedad.
  3. Preparación incorrecta o mal manejo de las técnicas y del tiempo de estudio.
  4. Las características del examen, sobre todo si es oral.
  5. Temor a ser evaluado negativamente por los demás o a que noten el propio nerviosismo.
  6. Factores ambientales como la apariencia y número de los examinadores y el trato proporcionado por éstos, el tiempo disponible para exponer.
  7. Miedo al fracaso o a que el propio prestigio se vea afectado.
  8. Presión social o familiar.
  9. Factores personales que tienen que ver con la valoración y la significación personal que hace el estudiante acerca de la etapa de evaluación.

Las consecuencias

Se ha demostrado que los estudiantes que experimentan testofobia sufren de una merma significante en su rendimiento y en el almacenamiento de información. El estudiante ansioso suele tener dificultades a la hora de estudiar: capta los conceptos superficialmente y presenta inconvenientes para seleccionar los aspectos más importantes de lo leído, debido a estrategias de estudio ineficaces.

En otros casos, aun habiéndose preparado adecuadamente, tiende a postergar el rendir o estudiar y obtiene puntajes más bajos de los que obtendría si supiese manejar su ansiedad. En lugar de enfocarse en la resolución del examen, se centra en aspectos internos tales como pensamientos negativos o sensaciones de malestar.

El sentimiento de fracaso es inevitable. En gran parte de los casos se trata de jóvenes que estudian, pero que al momento de exponer lo aprendido, nunca se sienten capacitados. Muchos de ellos han abandonado y retomado varias veces la carrera, o lo hacen definitivamente.

Cómo afrontar la fobia

  1. Cada persona necesita una estrategia personalizada. Sin embargo, los especialistas enumeran una serie de pautas destinadas a dominar la ansiedad:
  2. Emplear técnicas de respiración y relajación.
  3. Aprender a manejar correctamente el material y los tiempos de estudio, leer comprensivamente.
  4. Afrontar las situaciones que generan ansiedad, de modo de aprender paulatinamente a controlarla.
  5. Evitar el contacto con gente que pueda generar dudas acerca de lo estudiado o que se ponga nerviosa.
  6. Utilizar autoinstrucciones de afrontamiento positivas.
  7. Atender a las preguntas y concentrarse en el examen, olvidando las preocupaciones que puedan afectar el rendimiento.
  8. Entender la fase examinadora como una experiencia más dentro de la vida universitaria.
  9. Si las estrategias dadas no sirven para superar la ansiedad, es recomendable consultar con un especialista. Es tarea de los padres mantenerse alerta, ya que muchas veces, al no tener conocimiento del problema, presionan a sus hijos temiendo que se trate de apatía hacia el estudio, cuando en realidad están sufriendo en silencio un trastorno psicológico que es perfectamente tratable.

Los profesores también deberían asesorarse acerca de este tipo de fobia. En numerosos casos se muestran desairados por considerar que el alumno no se ha preparado correctamente para el examen, sin atender a los síntomas de una enfermedad que nada tiene que ver con la dedicación a la materia.

Varias universidades estadounidenses y europeas, al advertir el alto porcentaje de alumnos que padecen este trastorno, han dispuesto oficinas con equipos de especialistas que asesoran y acompañan al estudiante en este tipo de situaciones.

Sería conveniente que nuestras instituciones educativas tomen la misma iniciativa y hagan un seguimiento de sus alumnos. En ocasiones, la mala performance no deriva de dificultades de competencia o de interés, sino a un desorden que hace que el joven no se sienta preparado para afrontar la vida universitaria, crea que no sirve para estudiar y retrase o abandone definitivamente la carrera.

Síntomas a tener en cuenta

  1. Físicos: molestias gastrointestinales, alteraciones en el apetito, tensión generalizada, taquicardia, sudoración, temblor, contracturas, tics, dolores de cabeza, sensación de ahogo y opresión en el pecho.
  2. Emocionales: susceptibilidad, irritabilidad, angustia, enojo, sentimientos de fracaso, temor a quedar paralizado, apatía, nerviosismo, depresión.
  3. Conductuales: inquietud, dificultades para hablar, tono de voz nervioso, dificultades para conciliar el sueño, aumento del consumo de tabaco, cafeína y alcohol, conductas evitativas y/o de huida, postergaciones.
  4. Cognitivos: dificultades para concentrarse, sensación de confusión, fenómeno de “la mente en blanco”, distracción, preocupación obsesiva por el desempeño y por las consecuencias negativas de fallar, perfeccionismo.

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