Volvió True Detective y arrasó

True detective no es una serie fácil de puntuar, más que nada por su irregularidad. La primera temporada nos partió la cabeza con la atmósfera creada por Cary Joji Fukunaga y, cuando el creador Nic Pizzolatto quiso que brillase más su texto que la dirección en la segunda temporada, nos encontramos con un ladrillo pretencioso, más soporífero que inmersivo y con unos actores hundidos por la presunta seriedad de los guiones. Por suerte, todo tiene su revancha y la tercera de True detective, estrenada esta semana, promete recuperar el brillo perdido.

Mahershala Ali, ganador de un Oscar por Moonlight (y otra vez en la carrera de los premios de cine con Green Book), es Wayne Hays, un detective de policía marcado por un caso de su pasado, la desaparición de dos niños en la meseta de Ozark. El guión de Pizzolatto nos cuenta la historia a través de tres puntos: cuando por primera vez investigó el caso en los ochenta, cuando las autoridades se plantearon reabrir el caso en los noventa y el presente, donde Wayne reexamina el caso delante de las cámaras de televisión.

En cierto modo se podría decir que Pizzolatto juega sobre seguro. Estructura otra vez la historia en distintas líneas temporales para mantener la tensión, para entender las consecuencias personales de las acciones incluso antes de que los espectadores hayan podido ver los momentos supuestamente más traumáticos. Deja que la dirección de Jeremy Saulnier sea exquisita en sus detalles con la ayuda de Germain McMicking como director de fotografía.

La composición de los planos nunca es casual, nunca está hecha con prisas, y siempre tienen en el centro a un Mahershala Ali que no puede transmitir más humanidad (y sin entrar en esa sobreactuación que Matthew McConaughey exhibía a ratos), dejando que él se adueñe de la escena. El trabajo de Saulnier no tiene esos tintes poéticos, macabros y majestuosos de los tiempos de Fukunaga pero sí son bonitos de ver. Y True detective por fin abandona el lío de carreteras de California para volver a la América profunda, la que permite vender la idea que la ley es casi simbólica, que la sociedad avanza por otro camino, marcada por el pasado del Viejo Oeste donde la tierra era prácticamente incontrolable.

Eso sí, este True detective también requiere cierta precaución: a pesar de que el primer episodio transmitido en versión doble fue todo un éxito hasta el momento, lo cierto es que el cierre será un elemento fundamental para emitir un veredicto. La primera temporada, al fin y al cabo, tuvo un último episodio que no remataba la mitología del Rey Amarillo, donde todo lo sugerido hasta ese momento era más placentero que la resolución en si misma.

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