Además de talentosos músicos, estos hombres son notables científicos

Según la efigie popular y estereotipada, el científico es un tipo físicamente mal acabado como un Lada de los 70, incapaz de conjuntar los calcetines y con una inteligencia social tan ínfima como elevado es su genio intelectual. Y que posiblemente cantaría de memoria todas las Lieder de Schubert, pero que no tiene la menor idea de quién era Lou Reed.

Este absurdo tótem deja clara la elección a los niños desde que son pequeñitos: o eres guay, o eres científico. Todo lo cual es un mito sin ningún fundamento. De hecho, podría decirse que entre los científicos existe una cierta inclinación a la música más potente. Muchos de ellos llevan esta afición a la práctica, aunque no todos produzcan algo que merezca la pena escuchar.

Sí es el caso de estos cuatro científicos, que con su música han alcanzado una fama impensable desde el laboratorio.

Brian May, guitarrista de Queen y astrofísico

En 1970, Brian May comenzaba su doctorado en Astrofísica y cofundaba un grupo llamado Queen. En 1972 May publicó su primer estudio como becario en la revista Nature, en el que analizaba el movimiento del polvo zodiacal estudiando su espectro de luz que puede observarse en el cielo nocturno. Está causada por la dispersión del resplandor solar por el polvo del espacio y se aprecia mejor en el plano de la órbita terrestre, donde se sitúan las constelaciones del Zodiaco. Es la principal fuente de iluminación del cielo en las noches sin luna.

Cuatro años después, el éxito meteórico de la banda le apartaba de otros meteoros y del objeto de su tesis y dejaba la astrofísica para volcarse en la música.

En 2006 reanudó su tesis doctoral, hoy editada en formato de libro.Su estudio más reciente, en 2013, determinaba las contribuciones relativas a la luz zodiacal de cometas, asteroides y polvo interestelar. Estos estudios abordan un campo poco investigado que ayuda a comprender cómo funciona nuestro Sistema Solar.

Dexter Holland, líder de The Offspring e investigador del VIH

Bryan Keith Holland se crió en el condado californiano de Orange (O. C.), hogar de los descapotables y el surf. Pero pese a su aspecto de quarterback de instituto, tiene una buena cabeza sobre los hombros: fue el mejor de su clase, especialmente en matemáticas.

El mismo año de su graduación, 1984, cofundó Manic Subsidal, un grupo que dos años después se transformaría en The Offspring. El nombre ya revelaba sus inclinaciones: “offspring” significa “progenie” y es un término muy utilizado en biología, sobre todo en genética. Antes del éxito del grupo, Holland terminó su carrera y se apuntó a un doctorado en biología molecular; pero en 1994 lo dejó a medias tras el bombazo de su álbum Smash.

Ya con 40 millones de discos vendidos, ha reanudado su tesis en la Universidad del Sur de California.

Su primer estudio, publicado en 2013 en la revista PLOS One, propone un mecanismo que el virus VIH podría emplear para inutilizar las defensas del sistema inmune mediante cebos genéticos llamados miRNAs. Holland ha dicho que su pretensión es “rajarle las ruedas al sida”.

Greg Graffin, líder de Bad Religion y biólogo evolutivo

Gregory Walter Graffin III cambió los puentes de Madison de su Wisconsin natal por la costa de California, donde la pólvora del punk prendía en el segundo lustro de los 70. Como muchos a los 15 años, Graffin se unió a sus amigos del instituto para fundar una banda, lo que hizo bajo un nombre y un símbolo provocadores: Bad Religion y el Crossbuster, una cruz tachada. Como ateo o naturalista, según él mismo se define, Graffin considera que la religión aprisiona a las personas con dogmatismos, y que el conocimiento científico las libera.

Para su doctorado, Graffin dejó atrás la antropología y la geología que había estudiado para centrarse en la intersección entre biología evolutiva y teología. Su tesis, leída en 2003 tras un lapso de varios años, sostiene que ciencia y religión son incompatibles. Sin embargo, en los últimos años ha declarado que no pretende “demoler la religión, sino identificar sus defectos”.

Actualmente imparte clases en dos universidades de EEUU y ha publicado un par de libros, además de mantener viva una de las bandas matriarcales del punk.

Milo Aukermanm, cantante de Descendents y biotecnólogo vegetal

“Tengo un doctorado en bioquímica. ¿Hay algo que mole menos?”. Milo Aukerman siempre ha cultivado deliberadamente esa imagen de anti-rockstar, bicho raro con gafas y ropa normal. En 1980 se hacía cargo de las voces en Descendents, una banda punk fundada tres años antes en Los Ángeles y de la que acabaría convirtiéndose en esencia visible, gracias a la caricatura que adorna la mayoría de sus discos.

Y esto a pesar de sus repetidas ausencias causadas por su dedicación a lo que contemplaba como su verdadero trabajo, la biología.

En 1992, Aukerman completaba su tesis doctoral sobre una mutación espontánea del maíz que origina plantas ricas en aminoácidos esenciales. Su trabajo posterior en los mecanismos moleculares de la floración de las plantas le llevó a los laboratorios de la multinacional DuPont. Así, hasta el verano de 2016: cansado de un empleo monótono, acariciaba la idea de marcharse cuando fue despedido. Con 53 años, Aukerman ha abandonado la ciencia para volcarse en la música. En 2016 Descendents lanzó su primer disco de estudio en 12 años.

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