Por qué hoy se celebra el Día Mundial del Animal

El monje que caminaba con sandalias y vestía una túnica marrón tenía la capacidad de comunicarse con los animales. Esa es la afirmación que hacen de él los relatos sobre su vida que también aseguran que “fue la primera persona capaz de concebirse a sí mismo en relación con las demás especies de la Tierra”, a las que consideraba ‘criaturas de Dios’”.

705 años después de su muerte y ante un peligro inminente, un grupo de ecologistas reunidos en Florencia, Italia, celebraron una convención para alertar sobre las especies que estaban al borde de la extinción. Corría 1931 y concluyeron que era necesario proteger a las especies animales que ya estaban desapareciendo, así determinaron que habría un día al año para reflexionar sobre ello: se instauró el 4 de octubre como el “Día Mundial de los Animales”.

La fecha toma los primeros minutos del fallecimiento de Francisco de Asís, a quien en 1980 el papa Juan Pablo II declaró “Patrono de los animales y de los ecologistas”.

Durante esta celebración, en varias iglesias del mundo se realiza la “Misa de Bendición de Animales” para las especies domésticas que llegan junto a sus familias; otras permiten el ingreso de perros que viven en las calles para bendecirlos y darle unas horas de cobijo.

La historia de San Francisco de Asís

Giovanni di Pietro Bernardone, más tarde Francisco de Asís, nació en 1182 en Italia y dedicó su vida al servicio religioso. Fundó la Orden Franciscana y otras dos también surgidas bajo la autoridad de la Iglesia católica en la Edad Media. Fue hijo de un comerciante adinerado, pero renunció a las riquezas de su familia.

En septiembre de 1225, en un monte y luego de 40 días de ayuno recibió los estigmas, heridas que le provocaron mucho dolor durante el resto de su vida. Murió a la medianoche del 3 de octubre de 1226.

Entre sus enseñanzas dejó la de comprender cuál es nuestro lugar en la Tierra, ya que, según sus preceptos, el bienestar de la raza humana está integrado al bienestar de todo los animales y el medio ambiente. 

Si esos reclamos hoy son tomados, en muchos casos, a la ligera, mucho más lo fue en la época de Francisco: sus ideas eran vistas como una total rareza, pero él las siguió profesando al punto de despojarse de todas las riquezas materiales y dedicar su vida a servir y ayudar a sus semejantes, incluidos todos los animales puesto que los consideraba “hijos de Dios” y llamaba “hermanos”.

Debido a su postura a favor de ellos, el Papa Juan Pablo II lo declaró “Patrono de los Animales y de los Ecologistas” en 1980.

Interrogante Siglo XXI: ¿tradición o crueldad animal?

El nuevo siglo trajo, sin dudas, otro concepto respecto de la vida de los animales. Pero no fue hasta 2012 con la Declaración de Cambridge —que reunió a los científicos más importantes del mundo bajo la tutela de Stephen Hawking— que se probó científicamente que “los animales no humanos tienen conciencia y sintiencia (capacidad de sentir)”.

“El peso de la evidencia indica que los seres humanos no son los únicos que poseen los sustratos neurológicos necesarios para generar conciencia. Animales no humanos, incluyendo todos los mamíferos y pájaros, y muchas otras criaturas, incluyendo los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos”, determina la declaración redactada por el neurocientífico estadounidense Philip Low.

La declaración es uno de los más claros y contundentes argumentos de la ciencia en pos de igualar a los demás animales con la sintiencia humana.

Durante el siglo XX, en Argentina y en el mundo salieron a la luz los reclamos en favor de los derechos de los animales. El 29 de abril de 1908, Argentina celebró la primera fiesta por el Día del Animal de la mano de Ignacio Albarracín, el primer proteccionista argentino, secundado por Juan Domingo Perón. Más tarde, en 1954, se sancionó la ley penal contra el maltrato animal, la 14.346, que llegó al Congreso de la mano del senador Antonio Benítez con el apoyo de Domingo Faustino Sarmiento.

Los pioneros marcaron el camino a lo que siguió como el proteccionismo en Argentina, en América y Europa. Las voces se aunaron para pedir, primero, por el fin de las tradiciones que implicaban la presencia de un animal y muchas, paradójicamente, eran (aún son) festividades religiosas como las corridas de toros. De este lado del Atlántico, la Peregrinación Gaucha o distintas celebraciones cristianas que implican caravanas de carros tirados por caballos que recorren cientos de kilómetros.

Tras el gran logro del proteccionismo y activismo del país, la sanción de la ley 27.330 que pena las carreras de perros, se busca terminar con la tracción a sangre en todas sus formas, el cierre de todos los zoológicos y acuarios, con la correspondiente liberación de animales a santuarios o espacios donde terminen sus vidas en un ambiente lo más parecido al hábitat natural de cada especie.

Además, en Argentina se busca terminar con el testeo en cosmética y experimentación en animales; se pide que actividades de antaño y consideradas “culturales”, tratadas en el proyecto de Albarracín, dejen de practicarse. Estas son las riñas de gallos, peleas de perros, pialadas, tiro al pichón, cuadreras, cinchadas, doma y jineteadas, entre otras.

También se pide por la concientización sobre las especies en peligro de extinción, el mismo concepto que da nacimiento a la celebración que conmemora al santo patrono de los animales: en los últimos 100 años desaparecieron 120 especies de animales.

Del otro lado del mundo, celebraciones como el Festival de Yulín, una de las más repudiadas, al igual que la matanza de ballenas de Feroe.

África también practica actividades que implican la muerte de animales y éstas tienen la oposición de gran parte de la sociedad: la matanza del león Cecil despertó el rechazo social contra su cazador, de la misma lo tienen los traficantes de marfil que cazan manadas completas de elefantes para comercializar sus colmillos.

En ese continente “las cinco grandes especies más solicitadas por su piel y para ser vendidos legalmente son: el cocodrilo del Nilo, los lobos marinos, la cebra de montaña de Hartmanns, el elefante africano y el hipopótamo común. Las cinco pequeñas especies de mayor demanda para uso como mascotas exóticas y venta legal son: la pitón real, el loro africano gris, el escorpión emperador, la tortuga leopardo y el varano de sabana”, aseguró el último informe de la organización la organización World Animal Protection.

Las industrias, en muchos casos, provocan efectos devastadores contra los animales y el medio ambiente: en los últimos 30 años, la explotación de la palma para aceite destruyó los bosques nativos y redujo en un 50% a la población de oragutanes en Borneo.

También la contaminación en los mares y océanos pone en peligro a las pocas especies que siguen sobreviviendo.

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