Ciencia: Qué y cuánto comer para ser amigable con el medio ambiente

La propuesta no es abandonar la carne, sino reducir su consumo, lo que se conoce popularmente como una dieta flexitariana. La recomendación esta vez no está exclusivamente orientada a la salud: es un llamado a realizar acciones consideradas imprescindibles para satisfacer la demanda alimentaria a nivel mundial en 2050 y hacerlo, además, sin deteriorar el medio ambiente de forma irreversible.

Además de consumir menos productos animales, las medidas incluyen la reducción del desperdicio mundial de alimentos y la búsqueda de una producción agrícola más sostenible. Las propuestas fueron elaboradas por los autores de un estudio internacional publicado en la revista Nature que advierte que para alimentar a las más de 10.000 millones de personas que habitarán el planeta en poco más de 30 años es imperativo realizar un “cambio de tendencia”.

lasagnaEl coautor del trabajo Luis Lassaletta de la Universidad Politécnica de Madrid dijo que ese cambio “permitirá reducir el riesgo de cruzar los límites medioambientales en relación al cambio climático, la expansión desmesurada de las tierras de cultivo, la utilización de los recursos acuáticos y la contaminación de los ecosistemas causada por el empleo excesivo de fertilizantes”.

No hay una receta única que garantice la sostenibilidad, pero “cuando las soluciones se implementan de forma conjunta se hace posible alimentar a una población creciente de manera sostenible”, subrayó por su parte Marco Springmann, de la Universidad de Oxford, institución que lideró el trabajo.

Sin acciones concertadas “el impacto del sistema alimentario sobre el medio ambiente se puede incrementar entre un 50% y un 90% como resultado de un aumento de la población y de las dietas ricas en grasas, azúcares y carne. En ese caso, los límites planetarios a la producción de comida se verán superados, en algunos casos, en más del doble de su capacidad”, alertó.

Combinando cálculos medioambientales con un modelo de alimentación global que incluye datos de producción y consumo de comida en todo del mundo, los científicos analizaron las opciones que podrían mantener la producción alimentaria dentro de los límites de la sostenibilidad.

El trabajo advierte de que el cambio climático no se podrá mitigar si no se acompaña de cambios en la dieta y una alimentación más diversa. ¿El consejo? Seguir una dieta flexitariana que incluya:

✔️Al menos 500 gramos por día de frutas y verduras de diferentes colores y grupos (cuya composición está determinada por las preferencias regionales).

✔️Al menos 100 gramos por día de fuentes de proteínas de origen vegetal (legumbres, soja y nueces).

✔️Media porción diaria de proteínas de origen animal, como aves de corral, pescado, leche y huevos.

✔️Una porción diaria de productos lácteos.

✔️Cantidades limitadas de carne roja (una porción semanal como máximo), azúcar refinada (menos del 5% de la energía total), aceites vegetales con un alto contenido de grasas saturadas (en particular aceite de palma) y alimentos ricos en almidón con un índice glucémico relativamente alto.

La investigación también aconseja reducir a la mitad los desperdicios de alimentos para ayudar a mantener el sistema alimentario dentro de los límites de sostenibilidad del planeta.

vegetalesPor último, los investigadores también recomiendan llevar a cabo varias mejoras en el sector productivo para mejorar el uso de los nutrientes y del agua y adaptarlas a la realidad de cada región. “De este modo, se limitará la presión sobre las tierras de cultivo, la extracción de agua y el uso de fertilizantes”, explicó Lassaletta.

Aunque hay personas que ya están poniendo en práctica estas recomendaciones, “para que tengan éxito y sus efectos se noten globalmente, es necesario llevar a cabo una acción conjunta en todo el planeta”, explicó Springmann.

En ese sentido, los autores advierten que mejorar las tecnologías y la gestión de las explotaciones agrícolas y ganaderas requerirá un aumento de la inversión y una regulación más adecuada “que permita la toma de medidas en materia de gasto de agua, y reducción del uso de fertilizantes”, añadió Line Gordon, director ejecutivo del Stockholm Resilience Centre y coautor del trabajo.

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